06:50: Me empiezo a vestir con la ropa ya preparada el día antes, pantalón corto, calcetines, camiseta con el dorsal y chándal.
07:00: Bajo al comedor del Hotel Can Catala, el cual recomiendo a cualquier persona que busque en l’Escala un buen alojamiento y un trato familiar. Han adelantado el desayuno una hora antes para que los corredores que se alojan puedan desayunar antes de la carrera.
Entablo conversación con unos corredores veteranos, en especial con uno que se llama Juan y me explica anécdotas de maratones que ha realizado anteriormente; escucho atentamente por que es de esas personas que emanan una sabiduría especial curtida en cientos de carreras. Esta es una de esas cosas bonitas que ocurren cuando corres fuera de casa, te encuentras a gente muy maja con los que intercambiar experiencias y sientes que son cercanos a ti.
La conversación hace que no piense en la carrera durante el desayuno y no me entren los nervios habituales.
08:00 Una vez me despido de la familia (tendrán un capitulo especial), voy en coche a la salida, esta cerca del hotel pero pensando en la vuelta prefiero llevarme el coche. A la llegada ya se confirman dos circunstancias aleatorias e importantes:
1) Será un día
soleado y cálido.
2) No tendremos la tramontana que nos ha acompañado los otros días, aunque si tendremos
viento pero en ningún caso esa exageración de viento de días anteriores.
Me encuentro a dos compañeros del club atletesvng.org,
Toni y Jordi Bufal, intercambiamos impresiones de la carrera y después cada uno va a lo suyo, yo a dejar la bolsa en el guardarropa, a calentar un poco y a concentrarme.
El ambiente es el de las carreras pero con el valor añadido de que se trata de un
maratón, la distancia de las dudas, dudamos todos, desde el primero hasta el último, todo puede pasar en semejante distancia.
En esta maratón los corredores tienen que entrar en las
ruinas romanas de empuries para ir al lugar donde esta la salida. Este paseo lo recordaré toda la vida, los corredores caminando por los pasillos de las ruinas en un respetuoso silencio justo antes de enfrentarse a la distancia de Filipides.
09:00 SALIDA, empiezo con calma, la idea es ir cómodo en todo momento, que iluso, y si hay fuerzas al final apretar.
La primera parte de la carrera quizás la más entretenida es un correcalles por la población de l’Escala, en el que se suceden los kilómetros paseando por el pueblo. Estuvo bien por que durante este tramo no tuvimos nada de viento y aunque era un poco sube y baja había gente por las calles que animaba a los participantes.
Km 13-14: En este momento el recorrido va hacia un pueblecito fuera de l’Escala, empieza la maratón de verdad:
rectas en solitario, sol y viento.
Km 21: Paso la media de cine, en el tiempo previsto. Me uno a un grupo de tres corredores con objetivo de protegerme del vientazo que estaba haciendo.
Ya veo que el calor y el viento van ha ser elementos fundamentales y decido hidratarme a saco.
Km 25: El grupo me saca de punto (no iba a mi ritmo) y tengo que aflojar. El calor ahora ya es exagerado, que calda nen¡¡¡, es increíble tenemos viento y calor, todo junto.
En el siguiente avituallamiento decido hidratarme como en las carreras de montaña, nada de coger un vasito y beber un sorbo de agua y correr, a partir de este kilómetro beberé en abundancia, aunque pierda un poco de tiempo. Gracias a esta decisión en ningún momento tuve una sola rampa o calambre o problema muscular y vi a mucha gente que si que los tuvo.
Km 33: La carrera va hacia San Pere Pescador, me quedan nueve kilómetros y se que serán los más duros. Son cerca de las doce de la mañana aproximadamente, hace un calor increíble y el viento lo tenemos en contra.
Km 35-36: De vuelta hacia empuries, a pesar de que se que es la ultima tirada y a partir de ahora voy hacia la meta, estoy mal, muy mal, no muscularmente, no de fuerzas, lo que me falta es aire, tengo mucho calor y además todo este tramo he ido e iré solo hasta el final
Utilizo la técnica de ir a por los kilómetros, ahora a por el 36, a por el 37, a por el 38, a por el 39, a por el 40, me quedan dos¡¡¡¡, vamos Ignasi, lo tienes¡¡¡¡. Pero no, no lo tengo, esos dos kilómetros se me hacen eternos. Tocando el 41 camino, cojo aire y empiezo a correr de nuevo, y aún me cruzo con gente que debe ir por el km 32-33, aún les quedan unos diez kilómetros y no desfallecen, bravo por ellos, increíble la fuerza de vo-luntad de la gente, un diez para ellos, les quiero animar pero no tengo fuerzas.
Km 41: Una vez pasado este kilómetro voy ya hacia meta, diviso las ruinas, un miembro de la organización me anima y me dice “solo 600 metros”, me emociono, lo tengo, después de tanto esfuerzo, de tantos entrenos, ya eres mío. Estoy contento por que voy ha llegar infinitamente mejor que en los dos maratones anteriores, he aprendido y he entrenado mejor.
El tiempo final dejo de ser importante en el kilómetro 25, por que en ese kilometro me di cuenta que debido al viento y al calor seria una maratón de supervivientes donde no habría espacio para las marcas.
Enfilo un pasillo hasta la entrada a la meta, me cruzo con gente que anima y con gente que esta por allí con la familia pasando lo que podría decirse ¡¡¡el primer domingo con temperaturas estivales¡¡¡.
El pasillo se hace cada vez mas tupido, como en el tour de Francia, la gente me anima, me siento apoyado, ya veo la pancarta, no acelero, me dejo llevar y llego a la meta. Tiempo real: 04:04.16. He acabado mi tercer maratón.
Vuelvo ha ser maratoniano y me siento especial.
Una voluntaria me cuelga la medalla, voy a reponerme, me hidrato en cantidad y me siento a coger aire. Necesito unos diez minutos para recuperarme, aún me falta aire, lo que da una idea de lo duro que fue. Poco después me encuentro a Jordi Bufal, un amigo y compañero del club con el que intercambio impresiones sobre la dureza de la prueba y nos hacemos una foto de recuerdo.
Cuando ya estoy cien por cien, me cambio y voy a meta para ver la llegada de un rokie llamado Benja, un amigo que acaba por primera vez una maratón y se convete en maratoniano, felicidades Benja¡¡¡¡¡.
De vuelta al hotel en el camino de vuelta repaso las veces que durante la carera he pensado que seria mi última maratón, unas cuantas, y sin darme cuenta me encuentro pensando:
“la maraton del Mediterrani es en octubre, un poco justo, pero la Maratón de Zaragoza es noviembre….” .